Ahora (
Cuando el índice de desempleo está frenéticamente disparado, cuando la crisis financiera ha dejado al país a unos niveles inimaginables y cuando la burbuja inmobiliaria, aún colea, hablar de vivienda parece absolutamente inoportuno. Pues no! Es ahora más que nunca, cuando toca hablar de ello.
El problema de la vivienda presente y futuro sigue existiendo. Sólo la demanda no resuelta, debida al propio crecimiento vegetativo y a la creación de nuevos hogares, ya son motivo de ello.
Una rápida mirada nos lleva a dos puntos del conflicto que están presentes constantemente:
Primero, el stock de viviendas vacías no ha resuelto nada, ni lo resolverá.
Segundo, la política de vivienda no ha tenido claro cuáles eran y son los objetivos a perseguir.
Que la sobredimensión del stock repartido de forma irregular no resolvería nada, estaba cantado. Su sobrevaloración ha llevado a un camino sin retorno difícil de solucionar y que se escapa del conocimiento de quien escribe. Lo que no escapa es ver como quien controla todo el proceso de "recuperación" sigue siendo el mundo financiero. Una primera muestra es la desestimación de cambiar la ley hipotecaria en la que se permite que no sea suficiente la entrega de la vivienda hipotecada para saldar una deuda (dación en pago). Otra es la ausencia de solicitud de responsabilidades a quien nos condujo hasta donde estamos. Incluso después de la inyección de dinero público. Es evidente la fuerza del mundo financiero por encima de los demás.
Sobre la política de vivienda hay que dar un vistazo a lo largo de la historia. España fue pionera ya en el año 1875 con leyes de promoción de vivienda social, la que se recuerda mejor es la de las "Casas baratas" en el 1911. Nuestro país siempre ha trabajado en este aspecto desde dos ópticas, ayudando al promotor desde los sectores conservadores o ayudando al usuario desde los sectores progresistas.Pero siempre, y desde las dos, predominando el valor a la adquisición, reforzado y utilizado en época de la dictadura como objetivo de estabilidad social y refuerzo del régimen.Esta tendencia no ha variado . La herencia de aquellas formas ha hecho que todas las leyes de vivienda mantuvieran la idea de confundir el acceso a la vivienda con el acceso a la propiedad. El límite de la perversidad llega en el momento que las viviendas de protección oficial no encuentran adquirentes por falta de solvencia, cuando la ley está pensada para eso, para que todo el mundo, incluso las familias pobres, puedan acceder a una vivienda.
La falta de ideas claras, la ausencia de una regulación contundente y el dejar hacer al sector privado (y financiero) ha llevado a lo largo de estos años donde estamos.
La vivienda ha derivado de derecho (de hecho nunca lo ha sido) a valor de mercado, sometido a las leyes más agresivas del mercantilismo, haciendo creer que era una inversión y un negocio y ha convertido a la mayor parte de los ciudadanos en propietarios ( hipotecados o no) que ven como el valor del que tienen baja como una riada y nadie les avisó.Es necessaria una voluntad para actuar.
Dejar que el problema del "ladrillo" se arregle por sí mismo, es falta de compromiso para que cuando salgamos (?) de la crisis todo siga igual.No se trata de volver a hacer un nuevo "ministerio" que promueva la construcción masiva de nuevos vivienda para equilibrar el paro, se trata de que se generen nuevas fórmulas legislativas -la ley de la vivienda y de VPO está obsoleta- quepermitan el acceso a la vivienda como un hecho normal. Hay que ser valientes, situar al sector financiero donde le toca e innovar en la forma de intervenir en el futuro de la vivienda.
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